viernes, agosto 05, 2005

La Niña de los Cabellos Dorados

Este es un cuento que escribí hace ya un tiempo.

La niña de los cabellos dorados

La vida deja recuerdos imborrables en nosotros, historias que quedan grabadas en nuestra mente por su valor sentimental, esta no es más que una de esas historias.

Desde los diez años de edad mi amor se concentro en una bella damita, fue un sentimiento muy fuerte que perduro durante toda mi vida y se extiende hasta mi actualidad, la niña de los cabellos dorados, así solía llamarla cuando de mi inspiración brotaba alguno de los millares de poemas que escribí en un arrebato de sentimientos que ella provoco, era el ser mas hermoso que mis ojos podían admirar, cada ves que su sonrisa iluminaba algún lugar este se llenaba de felicidad, al menos para mi, era un momento celestial en el que, por unos pocos segundos, experimentabas la gloria del paraíso.

En la memorable tarde del 15 de enero de 1987 esta joven se acerco a mi con la intención de emprender una emotiva charla, pero mi inmadurez en aquella época fue tal que fui incapaz de pronunciar palabra alguna, generando así uno de los momentos mas incómodos que he vivido a lo largo de mi existencia y dejando en la infante una imagen negativa que se extendería a lo largo de todos mis años de educación primaria.

Llego la escuela secundaria con sus rechazos divisiones y odios, una de las etapas que más odio en lo que a mi vida se refiere, pero con ella se dio una segunda oportunidad para mi, un día en la clase de educación física la niña, ya convertida en adolescente, se acerco a mi con las mejores intenciones de provocar alguna conversación, esto me extraño pues durante mi vida en la secundaria nunca fui un joven muy agradable, me enfrascaba en mis selectos y a su vez pequeños grupos y me auto excluía, extraña esta etapa, pero aquel era el amor de mi vida y se estaba acercando a mi, reviví el momento de mi niñez, el furor, la exaltación, el corazón comienza a latir sin parar, sientes que te ahogas, cuando la joven se dirigió a mi con voz dulce cual ángel sentí que mi lengua se hundía hasta lomas profundo de mi estomago y me quede estupefacto sin poder emitir palabra alguna. La joven, extrañada por mi acción se alejo y con ella se alejo a su vez mi esperanza de alguna vez verme involucrado con ella.

Peldaño tras peldaño escale la secundaria mientras de lejos admiraba al amor de mi vida, la tan hermosa niña de los cabellos dorados, la tristeza me inundaba cuando la veía con alguna de sus tantas parejas, ver aquella escena era mi infierno y en los momentos que sufría por mi cobardía fluían de mí memorables historias, poemas épicos, cuentos escalofriantes, las letras eran mi pasaporte a una tierra desconocida en la que los monstruos de mi existencia escapaban en busca de refugio en las blancas praderas de mis muchos cuadernos.

Se esfumo la secundaria y fue el momento de separarme de la fuente de mi existencia, aquella que me dio una razón para continuar, ella que hizo emanar de mí aquellas hermosas historias que se convertirían en mi única ocupación.

Estudie durante 5 años de universidad para convertirme en escritor. La vida universitaria propició en mí un cambio, me abrí un poco más al mundo que se encontraba en mis adyacencias y en cierta forma fui feliz, pero el recuerdo de mi amor perduró en mi y de este surgieron muchos poemas e historias.

Una tarde de un 22 de octubre al llegar a la residencia en la que viví durante mis años de universidad encontré en el buzón una carta en la que se me invitaba a la reunión de graduados de mi escuela secundaria, al ver esta carta un gozo inundo mi cuerpo, ¿seria acaso una señal?, ¿sería este el destino tocando mi puerta?, en la carta se me decía que la reunión sería en el salón de fiestas de un edificio cuyo nombre no recuerdo.

El mes pasó a paso lento, movido por mis ganas y mis deseos, planee situaciones imaginarias en las que hablaba con la niña ahora convertida en mujer, cabe decir que en todas esas situaciones lograba mi cometido y todo terminaba en “felices para siempre”.

El día de la reunión me levante vivo y fervoroso, sentía que nada podía detenerme y que por fin iba a lograr mi cometido. Me engalane con la ropa que el día anterior había seleccionado y emprendí camino hacia la oportunidad de mi vida. Al llegar al salón vi con cierto gusto las caras de compañeros de estudio y salude a los pocos amigos que llegue a tener, pero no vi la cara que tanto buscaba, revise todo el lugar pero no la logré encontrar. Mi búsqueda se vio suspendida cuando a la tarima, que había sido preparada para la ocasión, subió uno de mis compañeros a pronunciar un discurso, en este nos daba a todos los presentes las gracias por haber atendido a la reunión, fue un discurso muy alegre y emotivo pero de repente un cambio en su tono genero un extraño palpito en mi corazón, nunca olvidare las palabras que aquel día emitió mi compañero, con lagrimas inundando sus ojos:

-Quiero que en este día recordemos a…-

El nombre que pronuncio era ya conocido por mí, era el nombre de mi amada, de la niña de los cabellos de oro.

Me deje caer con mi cara perpleja en uno de los asientos vacíos de la parte posterior de el salón, mi mente daba vueltas cual carrusel, no podía creer que el destino me estuviera jugando esta mala pasada, con una cierta sensación de mareo me retire de la fiesta a la comodidad de mi hogar, aquella fue la noche mas fría de todas las que he vivido.

Días de desolación fueron los que siguieron al incómodo momento en aquel salón de fiestas, mi mente, movida por clamor y la esperanza todavía existentes buscaba una respuesta a interrogantes que no la tenían mientras mi cuerpo me llevó a una extenuante investigación sobre la misteriosa muerte de mi amada, de mi niña. Tras días de preguntas y respuestas logre averiguar la dirección de la casa de sus padres y sin demora alguna me dirigí a la misma. La Madre, con rizos dorados que me hacían volver a mi infancia, contesto la puerta y yo me presente, así, como un compañero de estudios de su hija, en aquel momento vi una lagrima que corría por el rostro de la madre desconsolada mientras que la misma me invito a pasar y a tomar asiento, pase toda la tarde en aquella casa haciendo las dolorosas preguntas que mi mente inundaban y encontré en la figura triste de la madre dolorida respuesta a todas ellas.

Al día siguiente, todavía un poco abrumado por mis descubrimientos, emprendí viaje, guiado por las indicaciones que el día anterior me había proporcionado la generosa madre, al sacro lugar en el que ahora descansaba mi amor juvenil. Al llegar a este busqué en las lapidas el nombre de mi amada hasta que lo encontré, un río de lagrimas corrió cause abajo por mi rostro, un vacío lleno mi cuerpo y me vi en una maquina del tiempo recordando todas las miradas, todos los poemas, todas las historias, todos los sentimientos, hable con ella y ella hablo conmigo, tuve ese día una charla de despedida con mi amor, parte de mi aún esta en aquel lugar, parte de mi sigue de rodillas en el verde pasto contemplando la lapida con aquel nombre, el nombre de mi amada, el nombre de mi niña de los cabellos dorados.

1 comentario:

Efrén dijo...

Está buenísima esta historia, por eso es que hay que vivir cada día como si fuera el último, no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy!!.

Así vivirás una vida, sin arrepentimientos.