martes, agosto 09, 2005

Lorena (Un Cuento Corto)

Ese era el día. El día en el que Lorena iba a saber lo que callé por tanto tiempo.

Durante meses la admiré desde lejos, encontré en ella un tesoro que me salvó de la desolación y la depresión más de una vez y ese día iba a decirle la verdad, iba a contarle lo que mi corazón guardaba de una vez por todas y a romper el nudo que en mi garganta habían formado las miles de palabras que se necesitan para describir mis sentimientos por ella.

Todo empezó cuando, sin querer, entré a una clase de literatura pensando que era cálculo. No noté la diferencia debido a que la noche anterior no había disfrutado de un buen sueño y en esos precisos momentos me encontraba dormido con los ojos abiertos. Justo en el instante en el que me disponía a dormir en el pupitre escuché una voz que me hizo despertar, fue como si alguien me golpeara la nuca para obligarme a seguir el pulso que dicha voz producía. La voz en cuestión provenía del ceno de una joven hermosa, el ser mas delicado que he visto. Lorena, ese era su nombre, ese era el nombre del ángel que me había despertado aquella mañana. Su lectura fue tímida, se sonrojo inmediatamente después de empezar, leía pausada y temblorosa. Yo me encontraba pasmado al haber descubierto a aquella adolescente que entonaba ese maravilloso relato.

Al salir de la clase y habiendo caído en cuenta de mi error, decidí asistir desde aquel momento a la clase en cuestión. Sentía un deseo extraño por volver a ver a la joven y esto hacía imposible que me concentrara durante el resto del día.

Ella fue la primera en hablarme

- Hola - me dijo al ver que me sentaba a su lado

- Hola - respondí

Ese simple y breve dialogo, que no duró más de dos segundos, fue el comienzo de una amistad casual que estuvo basada en breves conversaciones que sostuvimos durante las horas de clase. Mi timidez era el principal factor limitante, nunca he sido capaz de controlarme cuando estoy frente a una mujer especial y ella era el ser más especial que este pobre diablo ha tenido la dicha de conocer.

De alguna forma me las ingenié para conseguir su dirección y su número de teléfono. La dirección permaneció intacta en mi cartera y el teléfono lo utilicé para llamarla con cualquier excusa y tener unos minutos de conversación que se convirtieron en la dicha de mis días.

A mediados de semestre me atacaba constantemente una sensación de incertidumbre. Me preguntaba si sería posible que Lorena sintiera lo mismo que yo estaba sintiendo. Esa incertidumbre en muchas ocasiones me llevaba a estados de depresión extrema. Lloraba sin cesar varias veces a la semana, a veces me inducía el llanto para obligarme a desahogar la fuerte carga de sentimientos que me producía el pensar en ella. Viví durante dos meses un infierno inclemente al que me obligaba a entrar cada vez que la veía, un infierno del que no quería salir por miedo a perderla, lucifer se convirtió en mi compañero durante las largas noches en vela que me producía la idea de contemplarla.

Ella cambió mi vida con su magia interna, me hizo sentir lo que jamás pensé sentir, me transformó.

Este era el día. Ese dichoso viernes en el que amanecí deseoso de decirle todo, dispuesto a entregarme en cuerpo y alma a la joven que me cambiadó. Era la hora de salir de esa incertidumbre. Mi alma agotada me exigía que respondiera a la interrogante que me había causado infinidad de depresiones y días de llanto. Ese día marcaba la ruptura de mi relación con el rey de las tinieblas que se alejó al ver la convicción con la que abrace aquella rotunda decisión.

La llamé y le pedí que saliera un momento al pórtico de su casa en donde me encontraba esperándola con una caja de chocolates, una carta y un discurso mental que venía preparando desde que desperté.

En el momento en el que la vi salir las piernas me empezaron a temblar así que me vi obligado a recostar mi cuerpo en el carro que ingeniosamente había parado en frente de la puerta de su casa. Le entregue los chocolates y la carta y recite aquel discurso. Le dije las verdades que mi corazón escondía. Las cuevas de mi alma, que una vez estuvieron rebosantes de sentimientos ocultos, se vaciaron para dar paso a la tensa calma que me produjo aquel recital. Vi en sus ojos aquella inocencia que me había enamorado y fui capaz de redescubrirme a medida que me le declaraba a la joven.

Ese instante quedo grabado en mi mente. Siempre recordaré aquel día como el día en el que me abrí al mundo, a mi mundo, a ella. Logre encontrarme a través de esas palabras. Vi el rostro de dios en aquella adolescente que escuchaba con atención mi discurso. Fue un momento importante que marcó mi existencia y me puso en sintonía conmigo, un momento en el que le hable a ella y hable conmigo. Ese día hice un pacto accidental jurando no volver a guardar sentimiento alguno.

Es impresionante el poder que tiene el ser humano de intervenir, a veces sin darse cuenta, en la vida de otros seres humanos. Lorena me transformó y me dio una nueva identidad, me hizo descubrirme y me dejó descubrirla. Cambió mi vida drásticamente, me dio esperanza, me lleno de anhelo. Ella es la razón de mi vida, a ella le debo mi existencia.

Así termina esta historia y así empieza una nueva, con un nuevo personaje, yo.

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