sábado, diciembre 10, 2005

Spontanĕus

El cine se ha ido estructurando en base al sistema comercial que le ha permitido trascender del medio artístico para convertirse en una industria. Hollywood y su maquinaria, a pesar de haber brindado al medio cinematográfico excelentes piezas, han involucrado en el quehacer propio del cine una serie de cargos que desvirtúan el sentido original de la obra. Las películas pasan por un sinfín de seres humanos que hacen las veces de filtro, transformando la idea inicial del escritor y/o director.

El nuevo milenio nos brinda la tecnología necesaria para evitar este procedimiento. Internet nos permite una distribución alejada del sistema comercial, el video nos da un soporte económico para la captura de imágenes y el tamaño mínimo de muchas de las cámaras digitales nos permiten la portabilidad del principal instrumento involucrado en la actividad audiovisual. Todos estos factores conspiran para dotar al cine de una espontaneidad que nunca antes ha tenido. Ahora no se necesita más de una persona detrás de cámara dirigiendo la realización de la obra que surgió en su intelecto.

En cuanto al tiempo de duración de las obras resultantes de un método de realización de este tipo, se puede identificar claramente el carácter “corto” de las mismas (significando: cortometraje básicamente). Esto no implica la negación de la posibilidad de un largometraje spontanĕus (espontáneo).

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