lunes, julio 09, 2007

¿Y qué de mí?

Afirmo categóricamente que pienso distinto, no estoy de acuerdo con el modelo que se impone desde la estratosfera gubernamental, cada vez más inalcanzable para aquellos que emplean un lenguaje distinto al de la actual Élite política.

Quedé fuera, pues el color de la franela que adorna mi pecho no es el consagrado por el actual régimen, ya que, aunque cabemos todos, unos son revolucionarios y otros son disociados ¿Donde está la voluntad de diálogo en aquel discurso que descalifica al otro, mostrándole como defensor de los valores del Imperio?

Atrás quedó la idea de un pluralismo político basado en un ideal de consenso donde todos tenían la posibilidad de intervenir. Ahora domina el ideal de conflicto, en el que se hace ver la causa política como una lucha entre el bien y el mal. La guerra civil ya no se libra con enfrentamientos armados, ahora la palabra es la única munición de esta querella intersectorial que acaba por dividir a los que deberían estar unidos por la fuerza del gentilicio que les designa como iguales.

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